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Gracias :) )))

Estos dias  me preguntaron por qué es tan importante la coherencia, y el tema merece una reflexión. La coherencia es la madre de la autoridad, del camino recto y ejemplar. El incoherente, al no poder mantener sus propias convicciones, pierde la autoridad sobre si mismo y sobre los demás, lo que le invalida como ejemplo o modelo a seguir. Al no poder ser refrendada por su actuación personal, la opinión de un incoherente carece de valor y de autoridad moral para ser tomada en cuenta.

 

Uno se convierte en lo que defiende, si defiende la necedad sin duda acabará siendo un necio. Como consecuencia, quien defiende al necio ataca al sabio y a la sabiduría, pues ya dijo un sabio una vez que “no se puede servir a dos amos”.

 

Asociado a esto se suele ver con frecuencia el que sin argumentos para defender lo que defiende utiliza el recurso de “no hay mejor defensa que un ataque”, en la mayoría de los casos indiscriminado. Pero eso sólo demuestra que ya no tiene argumentos ni autoridad para seguir defendiendo lo que defiende, y tendría que reconocer su error y cambiar de opinión. Eso es harto difícil en un ego mal educado, y sin embargo algo lógico y normal en uno bien educado.

 

Pero no sólo eso, el que defiende a un ladrón o a un necio es quizá porque intenta justificarse en su propia tendencia al robo y a la necedad, ser comprensivos y tolerantes con el delito nos hace cómplices de él, y da libertad al delincuente que llevamos dentro a dar rienda suelta a sus instintos destructores.

 

Eso tiene un peligro implacable, el de la Ley de Atracción: el que defiende el mal, la ignorancia o el delito, se convertirá en el futuro en víctima del mal y los malvados, de la ignorancia y los ignorantes, del delito y de los delincuentes. Defender el mal en este universo es una temeridad, pues sus leyes a largo plazo son implacables.

 

Mantener la BÚSQUEDA DEL BIEN apoyada por una sana COHERENCIA es el único modo de escapar de una ley de atracción negativa.

 

Como salvedad diría que la única incoherencia “disculpable” es la que trae la ignorancia de la falta o la ausencia de mala intención, pero como dice la justicia, la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento y menos la de la Ley de Atracción. Asi que el único recurso que nos queda es conocer cuales son las leyes del universo y tratar de seguirlas, porque a largo plazo son las que mantendrán nuestra alma en la luz y alejada de la oscuridad. Nadie dijo que este objetivo fuera fácil, sin embargo es el reto más importante que tiene la humanidad entre manos si quiere seguir disfrutando de la vida en este planeta.

 

Beatriz Fernández del Castillo

Que difícil es a veces para el ser humano ser coherente con las propias críticas.  No es ningún secreto que en España la crítica es el deporte nacional, lo hacemos tanto que es una lacra para nuestra cultura, pues casi siempre se trata de la versión destructiva. De entrada emitir un juicio es positivo, es decir, cuando se critica algo es porque el que lo hace cree tener razones superiores al o a lo que critica, cree saber que tiene una información, una experiencia o un dato que le capacita para juzgar. Hasta aquí todo bien.

El asunto deja de tener ese sesgo positivo cuando el que realiza la crítica no hace nada por aplicarse el cuento, es decir, no es coherente con lo que acaba de decir aplicado en su propia vida. La coherencia es un arte difícil donde los haya, se tarda toda una vida en superar las propias contradicciones; todos caemos en ellas todos los días, quien diga lo contrario se engaña

Los hay que prefieren no criticar, pero entonces se pierden la oportunidad de aprender de si mismos, es decir, de descubrir la propia proyección de su juicio. Enjuiciar algo y ver qué parte de la propia vida está en la misma situación y tiene el mismo patrón de conducta es uno de los ejercicios más saludables para el propio crecimiento personal.

Pongamos algunos ejemplos para ilustrar el “aplícate el cuento”. Alguien habla de que otros no hacen algo para solucionar un problema y no hace nada para solucionar los propios, o critica el maltrato pero se maltrata a si mismo o a los demás, maldice el poder pero cuando lo puede ejercer abusa más aún de él que al que critica, o arremete contra  la actuación de los demás sin moverse de su silla, sin tratar de hacer nada por nivelar su propia balanza de dejadez y desidia. El arma que se esgrime para defender el propio fallo es la justificación, ¿uno puede justificar su error pero no puede justificar el de los demás?, otra incoherencia.

¿Tienen derecho a criticar los que no hacen nada por marcar la diferencia de aplicarse a si mismos lo que predican? Bajo mi punto de vista ese derecho hay que ganárselo a fuerza de coherencia, y cuando uno se lo gana ha de ejercerlo preferiblemente con espíritu constructivo. A veces esto no es posible, sobre todo cuando el que ejerce el abuso no desea enmendarse de ninguna forma, pero suele haber alternativas constructivas que a veces no vemos por nuestras propias proyecciones. Es todo un arte el encontrarlas y trabajar la versión constructiva de lo que criticamos.

El filo de lo “correcto” y lo “incorrecto” tiene muchos aspectos a tener en cuenta, si no hay una base sólida en la que basar los juicios, cualquier cosa puede ser justificable, incluso el no juicio, y no aplicar el buen juicio es la mayor de las catástrofes para la mente racional. Hacemos las cosas siempre en base a razones que justificamos, si dejamos de enjuiciar nuestras propias razones para actuar, nos convertimos en seres irracionales con potencial destructivo ilimitado. El examen de conciencia es un ejercicio de salud mental y emocional imprescindible para cualquier ser humano que desee llegar a ser su mejor versión, y no un pálido reflejo de lo que podría llegar a ser.

Según este punto de vista ¡claro que hay que enjuiciar!, seguido de una reflexión sobre los propios patrones de conducta, ver en qué parte de su vida uno puede estar haciendo lo mismo, aplicarse el propio cuento, y después actuar en consecuencia también para cambiar el exterior. O dicho de otra manera, cambiar el propio mundo interior para saber cómo cambiar el exterior hacia la excelencia verdadera, la coherente. Si no hacemos por el cambio, si dejamos de usar la crítica constructiva, entonces lo que ejercemos es la cobardía de no ser capaces de juzgarnos en nuestros propios errores y enmendarlos.

La crítica destruye cuando no va acompañada de una voluntad de actuar en consecuencia, pero es imprescindible y construye cuando hay un deseo de mejorarse y mejorar las cosas, el entorno, la sociedad, el planeta; el cielo es el límite para el que usa el buen juicio de forma creativa para el bien propio y común.

Beatriz Fernández del Castillo

Este artículo y la filosofía de vida que encierra  es tan bueno, que no tengo más que añadir… disfrutadlo,  no tiene desperdicio…

Beatriz

Fuente: http://www.acb.com/redaccion.php?id=67901

 

Formalmente pensada y diseñada para el baloncesto, la pirámide ideada por John Wooden ha saltado los límites de la cancha de juego y es aplicada como una fórmula existencial. Conoce en qué se basa la pirámide del éxito del John Wooden

Esta pasada madrugada falleció John Wooden, el mítico entrenador de la universidad de UCLA. Desde ahora, Wooden pasa a formar parte del olimpo de los mitos, el lugar reservado sólo para los más grandes de la historia del deporte y lo hace no sólo por ganar 10 título universitarios en 12 finales con UCLA sino, fundamentalmente, por ser el precursor de una manera de entender el baloncesto que escapa más allá del parqué y se aplica como una filosofía de vida.

Padre ideológico de la “Pirámide del éxito”, Wooden no sólo ha marcado un antes y después en el mundo del baloncesto, sino que, con esta idea altruista y solidaria de enfocar la vida, ha diseñado un modelo de éxito que se ha aplicado a otras esferas de la vida como el mundo de las finanzas. Ahora Wooden deja huérfano a muchos que han seguido su ideario pero siempre nos quedará su pirámide.

 

Las Bases

Laboriosidad: Uno tiene que trabajar y trabajar duro. No hay substituto para el trabajo. Para Wooden no había otro camino para él éxito que el que se construye con el esfuerzo diario. Lo que viene pronto, pronto se va y sólo perdura aquello que se ha conseguido con el largo esfuerzo del trabajo constante.

Entusiasmo: Wooden creía en tándem esencial que éste formaba con la laboriosidad. Si no hay premio sin trabajo, tampoco puede haber trabajo sin antes la existencia de entusiasmo por lo que se hace. El corazón y la mente deben impulsar nuestras acciones.

Amistad: Para alcanzar el éxito, Wooden entendía que siempre debe prevalecer un sentimiento amistad. Un sentimiento más poderoso que cualquier otro, que refuerza los vínculos de unión del grupo, da sentido al esfuerzo colectivo e impulsa el entusiasmo por el trabajo.

Lealtad: Sólo se puede entregar uno y trabajar firmemente en cuestiones en las que se es completamente leal. Si no se es leal no se podrá alcanzar la habilidad necesaria para el éxito, porque tampoco se confiará en él. Al igual que hay que ser leal con uno mismo, Wooden habla de la lealtad con los demás para conseguir el objetivo común.

Cooperación: Nuestro trabajo y forma de ser debe ser un estimulo para los compañeros. A estos se les debe ayudar para conseguir entre todos el mayor vinculo de unión. De igual modo, Wooden habla del respeto y entendimiento del rival.

 

El cuerpo de la pirámide

Iniciativa: No hay que esperar que lleguen las cosas, hay que ir a por ellas. La iniciativa es tener el coraje de tomar decisiones y tomar acciones. Nunca se debe de dejar de actuar por miedo al fracaso. Si no se actúa nunca se logrará triunfar. En el pensamiento de esta pirámide está la realidad de que el fracaso previo también forma parte del éxito.

Propósito: Previamente a cualquier acción hay que marcarse una hoja de ruta, una planificación que nos lleve al objetivo marcado. Hay que fijarse un objetivo y la perseverancia y la persistencia en lograr nuestra meta serán indispensables.

Auto control: Wooden habla de la necesidad de mantener el juicio y el sentido el común durante el largo camino de ascenso por la pirámide. En los momentos de tensión, donde flaqueen las fuerzas o falte confianza, no hay que perder la noción de la realidad que nos rodea.

Mantenerse Alerta: No hay mayor peligro que el exceso de confianza. Wooden decía que el éxito sólo que consigue si se permanece en constante vigilancia, se observa la realidad en la que actuamos y nos adaptamos a los cambios que en ella se produzcan. Dormirse o confiarse en exceso pueden ser perjudiciales, por lo que hay que estar siempre alertas al cambio y dispuestos a aprender

Condición: Entramos en la parte más importante de la pirámide. Wooden no habla de una condición estrictamente con valores deportivos, es mucho más global en su definición. La preparación de la condición física, mental y emocional es fundamental para alcanzar nuestros objetivos y por ello hay que preparar el cuerpo y la mente para cada situación.

Destreza: Forman un total de habilidades necesaria para la buena consecución de nuestras acciones. Hay que trabajarlas y mejorarlas porque, es esencial no sólo saber lo que hace, hay que estar preparado para hacer de forma rápida y correctamente.

Espíritu de equipo: Wooden siempre pensaba que cada individuo debía pensar de forma colectiva. La persona dentro de un conjunto. No hay que anteponer la voluntad individual sobre la del grupo, las metas particulares quedan supeditadas al éxito del grupo. Sólo la fuerza y la unión de todos es lo que llevará a un equipo al triunfo.

 

El vértice

Carácter: Wooden se adentra en la parte superior de su pirámide. Considera que todos los elementos que aquí aparecen son el resultado de la firme existencia de todos los elementos previos. Así el carácter, indispensable para alcanzar el éxito, es producto de todo un trabajo previo, tanto colectivo como individual, que nos marca como individuos. Wooden no quería falsas imitaciones o que se actuara, para él las personas con carácter son las personas que son auténticas. Además, el carácter de los individuos y los grupos es necesario porque deberá surgir cuando todo se ponga en contra.

Confianza: Nadie más que uno mismo debe creer en nuestras posibilidades. Wooden hablar de confianza en nuestras posibilidades. Habla de que el orgullo, sin caer en la prepotencia, es necesario para actuar. Hay que confiar en lo que seamos capaces de hacer para que luego también las personas confíen en nosotros.

Competititividad: No será fácil alcanzar la cima, pero la dificultad de la meta hará más atractiva su consecución. Wooden hablaba de saber competir, de crecerse en los momentos de dificultad y responder con valentía a los retos. Sólo sabiendo competir se puede vencer.

 

El éxito

“El éxito es la paz interior que resulta directamente de la autosatisfacción de saber que has hecho todo lo posible para ser tan bueno como eres capaz”. John Wooden

ACB.COM

 

 

Hoy en dia todo el mundo opina sobre todo y sobre todos. Los “opinólogos” llenan los medios de comunicación y por extensión la vida social, y además se pide respeto a todas las opiniones  por igual porque se sostiene como norma que todas las opiniones son respetables ¿Es eso cierto? ¿Tienen el mismo valor todas las opiniones?.

 

Hace unas semanas en una cena, una de las comensales defendía a capa y espada que se aprende de los alumnos igual que de un maestro. Decía que la experiencia por ejemplo de los niños era igual de respetable que la de los mayores. Pero es obvio que para ciertas cosas es preferible aprender de la experiencia de un maestro que de la de un niño de cinco años. Eso no quita para que un niño pueda enseñar cosas como la inocencia o la curiosidad infinita al que la ha perdido con los años, pero de experiencia de la vida un niño aún no puede enseñar mucho. ¿Verdad?

 

El tema está en  ¿a quien debemos hacer caso, quién nos debe inspirar a la hora de tomar decisiones?. ¿Debemos respetar las opiniones de las personas que tienen experiencia y sapiencia en el tema que se busca avanzar, o todas las opiniones son igual de válidas y respetables?. Me temo que no, tomar una decisión en base a una opinión infundada, falsa, interesada o poco fundamentada es sinónimo de problemas a largo plazo.

Si quiero saber de jugar al fútbol, la opinión de Cristiano Ronaldo al respecto será más valorada y respetada que la de mi panadera, pero si quisiera hacer una buena base de pizza seguramente la receta de mi panadera le daría varias vueltas a la de Ronaldo. La experiencia es un grado a la hora de elegir a quien emular o de quien aprender.

¿Pero qué pasaría si quisiera mejorar el mundo? ¿Qué opinión sería la mejor? Sin duda la de aquellos que buscan mejorarlo, pero nunca la de los que buscan perpetuar los errores que lo mantienen en el desequilibrio. El rasero para valorar cualquier opinión es el objetivo que se busca alcanzar. Cuanto más elevado es el objetivo, más hemos de saber discernir la verdad de la falsedad, la sabiduría de la ignorancia, la luz de la oscuridad.

 

Tampoco todos los puntos de vista tienen el mismo valor ni son igual de respetables. El que busca el bien común es superior al que solo busca el propio bien o el de una de las partes en detrimento de las demás. Los que buscan el bien propio o parcial siempre intentarán que su punto de vista sea igual de válido, pero la verdad es que el bien común es siempre superior y el que debería prevalecer.

 

Una opinión no es nada si no está basada en algo certero y valorable, como una verdad, una investigación, una experiencia sostenida y fundamentada sea material o espiritual, una observación, un conocimiento del tema, un sentimiento definido, respetar todas las opiniones por igual cuando no todas tienen el mismo nivel de veracidad, experiencia o estudio, rebaja la verdad al nivel de la ignorancia, la mentira y la justificación. Cuando emitimos opiniones basadas en una información reducida o falsa, muchas veces manipulada por los medios, los intereses y por otras personas a su vez ignorantes del tema, que a su vez tienen poca información o sesgada, corremos el riesgo de defender y por lo tanto  atraer lo que sostenemos con tanto ahínco. ¿Y si es una verdad a medias, o una información falsa, negativa, peligrosa o mentira?. ¿Qué consecuencias puede traernos no verificar en lo posible la información que nos llega del exterior?. A eso hay que sumar el hecho de que la verdad puede estar repartida entre varias personas, hechos y circunstancias,  y que sólo podemos acercarnos a ella buscándola con verdadero interés.  Nos va en ello el éxito de una decisión acertada .

 

La ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento, asimismo la ignorancia de las leyes del universo no evita que las consecuencias negativas de una mala elección se manifiesten a largo plazo. Lo que si podemos hacer es verificar, cuestionar, investigar, contrastar, cerciorarnos de que la información que manejamos sea la mejor posible, antes de tomar ninguna decisión que pueda ser determinante para nuestro futuro .

 

¿Qué ocurre cuando un joven acepta como verdad algo falso y lo convierte en patrón, como una adicción a las drogas, o una justificación de la violencia?¿Sabe cuanto tiempo tardará en experimentar esa mentira y volver a su ser? Años de su vida, y mientras tanto la habrá destruido en su mayor parte. Que importante es ejercitar el buen discernimiento desde tempranas edades, algo que en la sociedad actual es difícil de llevar a cabo, pues cualquiera puede educar, inspirar y manipular desde cualquier medio, y se defiende que todas las ideas son respetables por igual. ¿Y si esas ideas atentan contra los derechos de los demás y los derechos de la vida o de la naturaleza? ¿Dónde está y quién decide lo justo?

 

Es verdad ese dicho que la vida acaba por poner a todo el mundo y a todo en su sitio, porque las verdades que rigen el universo tarde o temprano pesan más que las mentiras o las inexactitudes, y a la larga se manifiestan tal cual son. Pero también es verdad en que en ese tiempo, los errores cometidos por crear el mundo en base a opiniones e informaciones falsas, ignorantes o interesadas pueden hacer mucho daño.

 

El joven que recién estrena el mundo, por ejemplo, cuando aun no ha experimentado los límites del cuerpo humano, en ocasiones lo somete a costumbres y adicciones que  según su opinión son buenas, pero no lo son. Solo responden al gusto pero no al bien común, el respeto por la vida, al respeto a los demás y a si mismo…..Para cuando se dé cuenta puede que se haya cargado ya su salud o sus neuronas para siempre.

Un adicto por ejemplo, puede dar su opinión respecto a su adicción que es buena para algo, como que el alcohol mejora las relaciones sociales. Eso es cierto quizá a corto plazo porque aligera la lengua, pero a largo plazo es nefasto porque se pierde consciencia, control de cualquier situación y sobre si mismo, además que ser un atentado al cuerpo y a la salud. A veces la propia opinión es la peor de todas.

La opinión valida de un adicto es la que da cuando ya sabe salir de ello, cualquiera anterior a esa no es respetable porque arrastra a otros a su pozo.

 

El ignorante pretende que su opinión sea igual que la de los que no lo son, pero no debe ser así. Y digo el ignorante en un tema en particular, porque la experiencia me dice que todo el mundo sabe de algo y puede opinar de eso que sabe, pero en otras cosas de las que no sabe mejor que no trate de influir con su opinión porque difunde el mal y la mentira, incluso aunque no sea su intención.

 

Respetar la opinión de un ignorante es rechazar la del sabio que nos llevaría al bien, y eso no es recomendable.

Respetar la opinión del sabio es rechazar la del ignorante que nos llevaría a la ruina y la confusión, y eso está bien.

Moraleja, el quid de la cuestión está en saber reconocer al sabio y al ignorante y aprender del mejor la verdad, incluso cuando el sabio puede ser ignorante en un tema y el ignorante un sabio en otro. La opinión que vale es la del que sabe del tema que habla, y que además tiene una visión de conjunto que le permite ser certero en sus conclusiones, pues un tema suele tener otros relacionadosSeguir al que no sabe reconocer que es un ignorante en un determinado tema es el primer paso a la experiencia del fracaso. El respeto debe ganarse. 

Beatriz Fernández del Castillo

 

   

Os reenvio a esta entrevista publicada en la revista Uakix de este mes:

http://uakix.com/2010/revista/02-28/cafe/cafe.html

Que la disfrutéis.

Beatriz ;)

Estos dias un recién estrenado amigo me preguntaba: ¿Entonces, según tú, las casualidades no existen?. Buena pregunta que requiere que observemos a algunas leyes del universo.

 

Como llevo 12 años ya enseñando a la gente a interpretar sus sueños, sus señales en la vida real, sus patrones que se repiten, he tenido la oportunidad de estudiar cientos, sino miles de las tan mal llamadas casualidades.

Mi diccionario dice que casualidad es “combinación de circunstancias imprevistas que no se pueden evitar”, causalidad sin embargo es “ley en virtud de la cual las causas producen los efectos”

 

Algo casual tiende a referirse a un suceso no buscado, no preparado, algo fortuito, y eso, siempre según mi punto de vista, no existe en el universo donde impera las leyes de “la causa y efecto”, la “ley de la atracción”, y que junto a la “sincronicidad”, marcan nuestro devenir por este planeta. Si no observamos el baile que se marcan las tres, difícilmente podremos interpretar lo que nos ocurre.

Creer que todo es casual es aburrido además de inexacto. Prefiero creer, y parece que la ciencia apoya la idea, que el universo tiene un orden, encierra un misterio en si mismo, y nuestro reto es aprender a interpretarlo, estudiarlo y dominarlo, algo así como desarrollar nuestra capacidad para ser co-creadores dentro de un sistema que en si mismo admite que lo seamos. No en vano Jesucristo dijo eso de que somos Dioses, en potencia claro; dudo que lo dijera a la ligera, ese nunca fue su estilo.

 

Lo que llamamos casual no es más que la conjunción en un mismo lugar y tiempo, por obra y gracia de la ley de atracción, de causas de la misma naturaleza o vibración que producen efectos  muchas veces recíprocos. Esto no es nada nuevo, el refranero esta lleno de dichos que lo refrendan, “Dios los cria y ellos se juntan”, “quien busca encuentra”, “el que la hace la paga”…..”el que siembra, recoge”, todos aluden a una causa, a veces lejana, que acaba materializando un efecto. Si no buscamos la causa, puede que los efectos nos parezcan casualidades, pero la mayoría no lo son, son efectos de causas.

La casualidad puede convertirse, y de hecho se convierte, en la herramienta perfecta para eludir la responsabilidad de ser causante de algo que no gusta. Si aceptamos la casualidad nos evitamos tener que trabajar y aceptar si hay algo que hayamos podido pensar, sentir o hacer, que fuera la causa de ese efecto no deseado.

 

A veces se generan causas comunes o lideradas por una persona o personas, y otras las usan de causa particular, generando efectos, que a su vez se convierten en otras causas. Si por ejemplo dos personas buscan encontrar un amor, y ambas usan un determinado chat de internet, que está causado por otros, acabarán encontrándose. Pero desde el principio, había una intención común en ambos, esa intención común les llevó a encontrarse de alguna manera, la mente les guió a tomar decisiones dependiendo de su objetivo. A veces esa intención no es común, pero cada persona encuentra en el otro justo lo que estaba buscando, lo que necesitaba aprender para avanzar. Lo que una ofrece es lo que la otra busca y viceversa. Aunque es importante saber interpretar correctamente la señal.

También es importante resaltar,  que causas que una  persona o grupo de personas han creado, pueden generar efectos colectivos dificiles de calibrar. Aún así esos efectos son vividos de diferente manera dependiendo del individuo que lo experimenta.

 

La mente en búsqueda es un motor infalible que desata las fuerzas creativas del universo. El objetivo o intención que tenga esa búsqueda determinará el efecto, que no será el mismo (siguiendo con el ejemplo anterior) si alguien busca el verdadero amor, que si no especifica qué tipo de amor busca y se encuentra con el reflejo del amor que se tiene a si mismo. Si no sabe amarse a si mismo atraerá a una persona que no sabrá amarlo, y entonces no entenderá porque atrae a ese tipo de personas, pero había una causa. Aunque si es de los abiertos a aprender, sabrá buscarse alguien con la misma inquietud y a prenderán juntos a amarse mutuamente…..o no.

 

Si alguien busca desesperadamente la verdad y envia al universo ese deseo, puede que la verdad que el universo le proporcione por obra y gracia de la mal llamada casualidad,  no sea de la manera ni tenga la forma que se había imaginado, pero siempre será la real,  la que sostiene en su inconsciente. El consciente puede tener una imagen de uno mismo determinada, pero el inconsciente es la que tiene la real, y atraemos desde allí nuestras manifestaciones físicas. Es decir, uno encuentra el espejo de su propia causa reflejada en otro, aunque esa causa sea inconsciente, y sobre ese espejo puede verse y trabajarse. A  eso le llamamos proyección.

 

Si uno quiere entrar en el baile mágico de la sincronicidad, en el que lo que vivimos internamente y los sucesos del exterior coinciden, hemos de entrar en otro patrón diferente, el de aceptar al universo como causante de nuestra realidad. Si aceptamos que el universo nos guía hacia nuestro mejor bien, entonces tendremos que aprender a leer las instrucciones en él, a la vez que vamos trabajando las mejores intenciones por nuestra parte. Si pretendemos tomar parte y ser co-creadores del universo, hemos de saber trabajar con él, y no a espaldas de él. Por ejemplo, no es lo mismo buscar aprovecharnos del planeta para beneficio propio, que buscar el beneficio mutuo, pensando en su bienestar además del nuestro. El universo ayudará a hacer realidad los proyectos con esta intención.

 

Muchas de las “casualidades” ratifican el patrón de “no hay mal que por bien no venga”. Estudiemos una manera mejor aún de atraer el bien, y es dando por sentado que “NO HAY BIEN QUE POR BIEN NO VENGA”. Los mensajes del universo nunca vienen de sopetón hay avisos, señales, pistas a las que debemos hacer caso. Podemos aprender, decidir, fluir con nuestras decisiones aceptando que el universo nos guíe “por las buenas”. Confiando en su bondad e infalibilidad, entraremos en este estado de sincronicidad mágica que nos dará la lectura correcta del camino a seguir: seguir la pista a lo que fluye, dejar ir o reprogramar lo que está bloqueado. Cuando algo no fluye hay que trabajarlo mejor, buscar otras vias, revisar intenciones, asegurarnos que no tenemos patrones negativos en contra, buscar información que nos ratifique la intención positiva.

 

En este modo de avanzar, hemos de darle una oportunidad a la intuición, seguir las señales que nos van mostrando el camino. Cuando le damos tantas vueltas a la cabeza buscando una solución a algún problema, obviamos esa ayuda tan útil en momentos difíciles, la intuición, esa que habla bajito, pero que no se equivoca, y que tan ligada está a la emoción calmada.  

 

Por ultimo, cuando entramos en sincroncidad, cuando aprendemos a fluir con el universo a la vez que vamos moldeando nuestras manifestaciones físicas desde la intención, es importante entender que lo que apoya el universo es la evolución del alma, y que para eso hay que entrenar al ego para estar a su  servicio.

 

El universo no nos dará lo que creemos querer desde el ego no educado, nos da lo que necesitamos, lo que el alma demanda para hacernos crecer como personas. Nuestro trabajo es buscar ese crecimiento a través de experiencias buenas, agradables, poniéndonos retos constructivos, siguiendo nuestros verdaderos valores e intuiciones. Pero si deseamos crecer, avanzar, evolucionar y ser felices y no nos ponemos retos, entonces las circunstancias nos obligarán a ello.

 

Si lo que hemos estado enviando al universo son ideas y energías negativas, es mejor retarnos a nosotros mismos, educarnos a través del trabajo personal, que esperar que el universo nos devuelva por ley de causa y efecto la negatividad que le hemos vertido.

 

Si enviamos ideas y energías positivas, entonces las señales que nos enviará nos irá desvelando el camino a seguir, ayudándonos a navegar superando la dualidad, las causas y efectos ajenos, las turbulencias de la lucha del bien y del mal existente en el sistema, llegando a una unidad sin tacha de lo interior con lo exterior, ese estado de gracia llamado sincronicidad que tanta felicidad proporciona al que la experimenta.  

Beatriz Fernández  del Castillo

 

Estos dias he tenido la oportunidad de viajar a visitar a una querida amiga que acaba de ser madre. Junto al innegable cambio que ha experimentado al ejercer un nuevo rol en su vida tan satisfactorio como ése, estuvimos debatiendo sobre la necesidad de encontrar también un sentido a la vida a través del trabajo, de la actividad que uno realiza en la sociedad.

Hay muchos niveles de implicación en esta vida.

- En un primer nivel están los que buscan cubrir sus necesidades básicas como el comer, beber, divertirse, consumir, relacionarse y poco más. No suelen aportar, pero se benefician de lo que los demás generan. Éstos apenas respetan el trabajo ajeno ni las reglas básicas de la vida en comunidad, son los que no reciclan, los que tiran papeles al suelo, los que no respetan a los que les forman ni a los vecinos, los que sólo piensan en ser beneficiados y no en beneficiar, los que molestan sin pensar en los demás. Son los que mal usan los bienes que están al alcance de su mano, incluido los de su propia vida y salud, y suelen ser los que más exigen de la sociedad lo que ellos mismos no aportan.  

  

- En un segundo nivel se encuentran los comprometidos con mejorar de casa, de relaciones, formarse para un mejor trabajo que le haga subir de estrato social y familiar, buscan un buen aspecto físico, una salud, y la felicidad a través de lo material y lo emocional. En este nivel hay compromiso pero sólo a nivel particular, el trabajo está para cubrir la necesidades propias y como mucho la empresa en la que trabajan, es un servicio por el que a uno se le retribuye, pero no tiene más trascendencia. En este nivel las personas aún no piensan en el bien común, piensan en el suyo. Son capaces de mal usar, descuidar y malgastar los bienes y servicios a su alcance a veces por ignorancia y otras por desidia.  Algunos tienen buenas intenciones y tratan de buscar soluciones para llegar a un nivel mayor de satisfacción personal y les nace la inquietud de progresar.

 

- En un tercer nivel nos encontramos a personas que además de ayudarse a si mismas, entienden el concepto de ayudar a los demás, aportan lo mejor de si mismos a la sociedad y buscan poner un granito de arena para el bienestar no sólo de su propia familia, sino de otras personas que puedan necesitar de su ayuda, su inteligencia, sus dones, sus soluciones. Le encuentran al trabajo una nueva dimensión,  la de dar un sentido a su actividad más allá del propio beneficio, aportar el valor añadido de su creatividad a todo lo que hacen. En este nivel ya se trasciende el ámbito familiar y se piensa en cambiar la sociedad en la que uno vive y mejorarla.  

Como ejemplo, en Madrid hay un lugar donde se hacen tartas increíbles para servir a los restaurantes y bares de toda la ciudad. Yo voy de vez en cuando a comprar como particular, y la calidad es tan excepcional que un dia le pregunté al cocinero y dueño del horno cual fue la razón que le impulsó a crear su negocio. Y me contestó que se le daba bien el hacer tartas y decidió hacer feliz a la gente endulzándoles la vida. ¡Y vaya si lo consigue!. Puso su don al servicio de la felicidad de otros. Eso es lo que yo llamo un motivo superior que da un sentido elevado a una actividad, sea la que sea. No es sólo trabajar por dinero, es la satisfacción de hacer felices a otros con lo mejor que a uno se le da, utilizando un don natural, en este caso, el hacer tartas increíbles. Una simple actividad se convierte en una misión de servicio.

En este tercer nivel ya hay un sentido diferente a la actividad laboral, algunos ya sienten que su labor trasciende, tiene una repercusión real en la vida de las personas, las hace mejores, ya tienen una misión, la de mejorar lo que hay.

  

- Y en un cuarto nivel, el menos transitado por la mayoría de la gente, están los que tienen vocación de servicio, los que ven el mundo como una totalidad, como un plan espiritual superior en el que todos estamos llamados a colaborar. En este nivel, lo importante además de “mi plan” personal y familiar, está el aportar AL PLAN general lo mejor que uno tiene, el don que se le concedió al nacer, los conocimientos y habilidades que uno ama.

En este nivel el alma siempre está involucrada, ya no es solo la personalidad la que marca el objetivo, es el alma la que impulsa la búsqueda del bien desde lo más profundo del Ser Humano y le guía a través de las señales, los encuentros afortunados, las sincronicidades y la magia. En este nivel ya no cuenta sólo el gusto personal, sino el bienestar general.

Todos tenemos un don, el que no lo usa, no lo desarrolla, no lo cuida ni lo hace más grande, el que no lo pone al servicio de la humanidad, acaba por perderlo y desmerecerlo, y se pierde la íntima felicidad que causa el servicio bien hecho a la  humanidad. En este nivel ya se piensa en cambiar y mejorar el mundo usando lo que a uno se le da mejor, el don personal. Además de la familia y de la sociedad, el ser humano a través de su actividad tiene como intención cambiar el mundo, mejorarlo en lo que uno pueda aunque sea a través de lo pequeño. Sumado a otros con la misma intención, realmente se consiguen cambios significativos. Y lo hacen a pesar de los negativos, los pasotas, los que piensan sólo en si mismos y los del nivel 1 y 2 que les cuesta tanto entender que su ayuda sería también necesaria.  

En este nivel uno no solo piensa en su bienestar y en el de los demás, busca mejorar, aportar con su creatividad al bienestar de los que vienen detrás, del país donde viven, del continente, del mundo entero, del planeta que nos acoge, de la naturaleza, los animales, el bienestar de todo lo que vive . En este nivel están los que aman este planeta, los que aman la vida y la naturaleza, la respetan, la cuidan y la buscan beneficiar y preservar, no sólo usar o malgastar.

En este cuarto nivel están los que buscan formar a las generaciones venideras, los que investigan para el futuro, los que emprender proyectos que seguramente ellos no verán su pleno rendimiento porque están hechos para el largo plazo,  buscan crear un modelo nuevo y mejorado de vida, están los que previenen, los que crean para solucionar a la vez que buscan amar y cuidar de todo el entorno. Sean creyentes o no, su punto de vista es espiritualizar y elevar su experiencia en el plano material. 

Y creedme, sólo hay que poner una intención elevada en la mente  para que ésta emprenda una nueva aventura y encuentre un nuevo concepto de felicidad, la de involucrar al alma en el devenir no sólo de la evolución y felicidad personales, sino también la de algo llamado humanidad de la que todos formamos  parte. La mente nos nutre de las ideas correspondientes a nuestra intención, el que eleva la intención, se convierte en canal de energía superior.

Otro dia hablaremos de la intención, parece que este texto lo necesita….cuidaros mucho

 Beatriz Fernández del Castillo

 

Este año he tenido la oportunidad de identificar a algunas personas que reflejan perfectamente el patrón de depredador emocional.  A pesar de la diferencia de edad y de generación entre ellos/as, su discurso, actitud, y “modus operandi” son tan parecidos, que me sirven de ejemplo para ilustrar un comportamiento muy común en nuestros días, el depredador/a emocional. Cabe destacar que es más común entre varones que en mujeres.

Un patrón es un modelo de ideas, emociones, actitudes y comportamientos que rigen el devenir del ser humano, los organiza en conductas reconocibles, identificables. Todos los que piensan igual, suelen sentirse de la misma manera y sus actitudes y actos se parecen.

Los arquetipos serían los padres de estos patrones, los originales, según Platón los moldes perfectos, los ideales que se derivan de la mente de Dios, ideales que nos influyen desde el inconsciente colectivo. Los patrones son derivaciones humanas mucho menos perfectas, fruto del cambio, del mundo, de vida, de las circunstancias, etc… El mundo cambia, los patrones colectivos que nos rigen también.

Aunque muchos les comparan, el depredador/a emocional es diferente a esos que llaman vampiros emocionales. Los depredadores emocionales son personas que buscan su beneficio inmediato emocional -generalmente unido a sexual- sin reparar en absoluto el daño colateral que pueden llegar a causar. Son hedonistas, aparentemente felices, manipuladores de la conducta ajena, sabedores de la debilidades de los demás que utilizan en beneficio propio. Suelen tener habilidades sociales, gran atractivo sexual y personalidad brillante en algunos aspectos, y a la vez una gran falta de empatía, no entienden ni reparan en el daño ajeno.

¿Cómo reconocerlos? Por poner dos ejemplos de una mujer y un hombre con los que tuve la oportunidad de interactuar este año, ambos son aparentemente encantadores, atractivos, aunque sus motivaciones son diferentes: Él es un depredador típico, el gusto por la conquista es lo único que le mueve, el dolor que pueda causar al objetivo de su cacería le tiene sin cuidado. Ella no es tan típica, lo que le mueve es el gusto por ser amada y valorada, pero igualmente no tiene el más mínimo remordimiento por el efecto de su atractivo cuando es mal utilizado con los demás. Ambos no desean cambiar, tienen una aparente pero  falsa seguridad en si mismos, durante “la caza”ambos se olvidan de la mayor ley que rige este universo, la de la CAUSA Y EFECTO, la que les convertirá en victimas de otros depredadores que como ellos no repararán en su dolor. Lamentablemente los que ejercen este patrón, por su falta de empatía, no suelen aprender la lección más que probando su propia medicina.

Ambos excusan su actitud diciendo que ellos suelen avisar por adelantado de sus intenciones, hablan abiertamente de sexualidad, gustan de mostrar su gran capacidad en ese aspecto, algunos menosprecian el buen uso de la relaciones y del sexo y usan a los demás sin asegurarse de su bienestar.

El patrón del buen amante sería el de usar -no abusar- a los demás asegurándose de su bienestar, cuidando y beneficiando al otro.  

Suelen decir que respetan cualquier actitud sexual, precisamente para asegurarse que son respetados en la suya, aunque sea inadmisible, y pasan parte de su tiempo buscando argumentos que respalden su actitud, y en ocasiones tratando de que los demás los asuman para poder tener más y mejor territorio de caza.

Pero las primeras víctimas de si mismos son ellos, aunque aparenten felicidad, buen rollito, y les divierta la caza a corto plazo, suelen tener  miedo a las relaciones profundas, por eso navegan siempre en aguas superficiales. En cuanto alguien se les acerca demasiado huyen despavoridos, se convierten en débiles, la soledad les corroe (la del alma), lo que les lleva al círculo vicioso de desear volver a cazar, esperando llenar el vacío de una vida sin verdadero amor, aunque llena de vaivenes emocionales que confunden con pasión. Muchos de ellos han sido en su infancia o adolescencia victimas de otros depredadores, y se han convertido en uno de ellos.  Pero eso no les exime de responsabilidad, más bien al contrario, podría ser un reto para ellos desactivar el circulo vicioso víctima-agresor.

El problema está en las posibles presas que no saben identificar el peligro emocional cuando lo ven aunque sea muy evidente. La falta de autoestima no les permite rechazar a un ser encantador que se les acerca y les muestra atención y cariño, aunque sea falso, interesado o momentáneo, personas cuyo vacío interior, circunstancias difíciles en su vida, la falta de familia, de formación emocional o de valores esenciales les convierte en víctimas fáciles. Si caen en las redes de un depredador, pueden creer que esa es una actitud aceptable y convertirse en uno de ellos, parte de la sociedad lo alienta y hasta lo valora.

Si veis a alguien con esta descripción y estáis en su punto de mira, observad, no tardan mucho en enseñar su verdadero objetivo. No es recomendable tratar de salvarles, gran error de algunas almas ingenuas con ánimo de ayudar, es probable que salgáis escaldados de la experiencia. Siempre es bueno recordar que “dos no juegan si uno no quiere”.

Si eres uno o una de ellos, recuerda la película de “Atracción Fatal” (Glenn CLose y Michael Douglas), o simplemente el refranero que ayer sabiamente una buena amiga me recordó, al cual esta vez le doy la razón: “El que la hace la paga” o “Lo que siembras , recoges”.

El mal uso de algo o alguien en beneficio propio y en perjuicio de otro siempre tiene el fin que se merece. Lo que no es en beneficio mutuo genera (afortunadamente) la justicia de la ley de Causa-Efecto. Y no te confies si hasta ahora te ha funcionado sin aparentes consecuencias negativas para ti, el universo SIEMPRE devuelve lo que le das, tanto si es bueno como malo……al menos en eso no falla nunca. Cuida como tratas a los demás, porque algún dia así serás tratado.

Beatriz Fernández del Castillo

Una de mis lectoras, tras leer el post anterior “trabajar la felicidad” me preguntó:

¿Qué pasa cuando tienes una meta, trabajas para conseguirla, y no te sale? Entonces te frustras…. ¿Qué pasa con la felicidad?

No tengo respuestas para todo, pero sí he podido trabajar con mucha gente y observar que aquéllo que se nos dijo de “pedid y se os dará” se quedó algo corto. Pedir es sólo el primer paso. Cuando alguien se pone una meta definida, ha de tener en cuenta que las decisiones se toman desde dónde está, y normalmente no se sabe lo que a uno le espera, lo que necesita, lo que tendrá que trabajar, solucionar o sacrificar para llegar a su meta. Tener la decisión tomada y asumida de “ir a por todas, pase lo que pase” es la primera fase del trayecto; muchos ya se quedan en esta cuneta.

 

Después viene el darse cuenta de que además de la meta y del resultado deseado, hemos de conseguir las cualidades necesarias para conseguir ese resultado. ¿Y si decido que deseo ser mi propio jefe y trabajo para conseguirlo? No solo se necesita una meta y trazar un plan de ejecución, también adquirir talentos como autodisciplina, tesón, trabajo, observación, preparación….y un sinfín más de cualidades que vamos descubriendo que necesitamos para transitar por ese camino. Para tener éxito en algo, puede que tengamos que trabajar de 20 a 30 patrones como mínimo. Pedir ayuda al universo para que nos guíe en este sentido es más necesario a veces que el mismo resultado.

Por ejemplo: Una parte mí desea la libertad de ser mi propia jefa y tener un negocio propio, pero otras partes de mi pueden tener patrones incompatibles con ese objetivo, patrones que hay que ir descubriendo, trabajando y reprogramando para que no bloqueen la manifestación física de las circunstancias, ideas y ayudas que el universo nos brinda cuando tenemos un plan. La energía de avance se ve obstaculizada por esos patrones negativos, que pueden ser miedo al fracaso, o miedo al éxito, puedo tener un patrón de vaga, otro que me precipito y me equivoco en demasía y tengo que rectificar constantemente, a lo mejor me falta visión de futuro, soy imprudente con el capital, elijo mal a los colaboradores o socios, o me lanzo si saber exactamente lo que quiero aportar a la sociedad, tengo miedo al riesgo, o al revés, me arriesgo demasiado sin pensarlo bien….

Si además hemos intentado varias veces algo, y no hemos tenido éxito por alguno de estos patrones negativos, se le suma lo que ya pensamos y decimos sobre nuestra capacidad fruto de la mala experiencia, cosas como : “No soy buena en esto, siempre me equivoco, mejor no intento nada, siempre atraigo a la gente que me traiciona”…..

Sumado a esto, la  mayoría de la gente intenta aprender las leyes de la sociedad, y si, son imprescindibles para avanzar, pero además hemos de ser estudiosos de las leyes de la naturaleza y del universo. Si observamos la naturaleza y sus leyes, son justas y equilibradas, la naturaleza por si misma se autorregula. Sin embargo, las leyes de los hombres lo intentan, a veces son justas, a veces no. La conjunción de ambas hace que a estas alturas los humanos aún no sepamos muy bien qué hay que hacer exactamente para que nos salgan bien las cosas a la primera, que no entendamos porqué el mundo es como es.

 

Al interferir constantemente en las leyes de la naturaleza y de la manifestación física, el hombre va cambiando las reglas del juego. Así por ejemplo, en la naturaleza el mejor, según sus criterios, suele ser el amo y señor. En algunas sociedades humanas a veces se valoran más la estupidez, la superficialidad, el egoísmo, lo cutre o la violencia, y por ello los mejores quedan apartados del poder y de las decisiones, simplemente porque se valora más lo peor. Y la responsabilidad de ese desequilibrio en la valoración es del hombre. La crisis de valores que actualmente vivimos es el resultado de tener una deficiente capacidad de valoración de lo que realmente importa.

Lo mejor que uno puede hacer por si mismo es conocerse, ir viendo qué valores y talentos necesita para conseguir sus objetivos. Si uno se pone metas y no es consciente que para llegar a ellas se necesita trabajo y herramientas espirituales y psicológicas además de las físicas y materiales que trabajarse, entonces la frustración puede hacer mella profunda y el desánimo vence. La propia valoración es la madre de todas las bendiciones, ponerlas al servicio de la naturaleza es nuestra obligación.

 

Los hay que consiguen felicidad y éxito por casualidad, a veces es sólo material, a veces sólo espiritual, pero esa felicidad al no ser consciente no es duradera. El que busca experimentarla y compartirla en los todos los planos -espiritual, mental, emocional y material- tiene el objetivo más digno que se puede tener, el del alma en búsqueda de la autorrealización. 

Si tomáramos de la naturaleza algunas ideas de cómo conseguirlo, si nos decidiéramos de una vez servirla y no explotarla, nos iría mucho mejor. Servir tiene mucho que ver con la ansiada felicidad.

Beatriz Fernández del Castillo

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